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Un informe revela que marcas de ropa como H&M y Zara compran viscosa a fábricas contaminantes


Actualidad Redacción 13/06/2017

· Algunas de las marcas de ropa más grandes del mundo, como la sueca H&M y la española Inditex, se abastecen de viscosa proveniente de fábricas asiáticas que están causando grandes estragos sociales y medioambientales.

· Según revela ‘Moda sucia: la contaminación en la cadena de suministros del textil está intoxicando a la viscosa’, un informe en el que ha participado Ecologistas en Acción, las fábricas de viscosa están vertiendo aguas residuales tóxicas en los cursos de agua locales, destrozando la vida marina y exponiendo a trabajadoras, trabajadores y población en general a sustancias químicas perjudiciales para la salud.

Ecologistas en Acción ha participado en la versión española del informe ‘Moda sucia: la contaminación en la cadena de suministros del textil está intoxicando a la viscosa’ realizado por la organización europea Changing Markets Foundation y en el que ha colaborado Ecologistas en Acción. En dicho informe se denuncia el impacto mortal que suponen los desechos de productos químicos peligrosos y los gases tóxicos de las fábricas asiáticas.

Además, Changing Markets Foundation ha recogido pruebas en algunas zonas de Indonesia, China e India que demuestran la contaminación en la producción de viscosa, sustancia muy utilizada en la cadena de suministros textiles.

El estudio también hace hincapié en las relaciones existentes entre las fábricas contaminantes y las mayores cadenas de ropa europeas y norteamericanas como H&M, Zara/Inditex, ASOS, Levi’s, Tesco, United Colors of Benetton, Burton, Marks & Spencer, Asda, Dockers, Haggar, Next, Debenhams, Matalan y Van Heusen.

H&M, por ejemplo, compra directamente a siete de las fábricas contaminantes investigadas en el informe e Inditex a cuatro. Aunque varias de estas marcas se han comprometido a utilizar pulpa de madera ecológica para producir la viscosa, los procesos de fabricación que se utilizan siguen ignorándose en buena medida y apenas se tienen en cuenta a la hora de elegir a las empresas que abastecen el producto.

Mientras tanto, el mercado de la viscosa aumenta: se estima un crecimiento que pasará de los 13.450 millones de dólares en 2016 a 16.780 millones de dólares al año para 2021. También está tremendamente concentrado y solo 11 empresas controlan el 75% de la producción mundial.

Natasha Hurley, responsable de campaña de Changing Markets, declara que “este informe muestra que algunas de las mayores marcas de moda están haciendo la vista gorda a las prácticas dudosas de sus abastecedores. En un momento en el que la contaminación del agua se ve cada vez más como un riesgo empresarial, los minoristas deberían priorizar en sus planes de negocio un cambio hacia modelos de producción más sostenibles”.

Además de las investigaciones sobre el terreno, el informe cuenta con las respuestas de las marcas de ropa a una serie de cuestionarios realizados por Changing Markets y Ethical Consumer. Rob Harrison, director de Ethical Consumer, lamenta que “dos tercios de las empresas contactadas en relación con sus suministros de viscosa no hayan respondido a las encuestas, ni siquiera las grandes del mercado de la moda como Topshop, Asda y Sainsbury’s”.

Harrison añade: “Las marcas con grandes márgenes de beneficios tienen que hacerse responsables de la salud de sus trabajadoras y trabajadores, y para demostrarlo es necesario que den los nombres de sus suministradores. Sin esto, es muy probable, o al menos esa parece ser la tendencia en Europa, que sus clientes terminen por buscar marcas que se ajusten mejor a sus valores”.

Desde Ecologistas en Acción se pide a los actores implicados las siguientes medidas:

– La producción de viscosa debe adoptar sistemas de ciclo cerrado y dejar de verter productos químicos tóxicos en los alrededores de las fábricas.

– Las marcas de moda deben imponer políticas de contaminación cero en todos los eslabones de la cadena de suministros (incluidos los suministradores de materias primas) y realizar auditorías regulares para asegurar su cumplimiento.

– Los actores políticos deben exigir transparencia en toda la cadena de suministros, así como introducir criterios ambientales en las regulaciones para el sector o reforzar las ya existentes.

– Las consumidoras y consumidores deben de tener la posibilidad de comprar prendas que demuestren claramente que en su elaboración no se ha utilizado viscosa contaminante.

Informe “Moda Sucia”  

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Publicado por en 22 junio, 2017 en Salud y bienestar

 

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Venenos silenciosos


Belleza tóxica desde el aire. Las imágenes que ilustran este reportaje pertenecen a los proyectos Side Effects y Toxic Beauty, del polaco Kacper Kowalski, sobre la compleja relación del ser humano con la naturaleza. Se trata de fotografías tomadas desde el aire en vuelos en parapente a unos 150 metros de altura en distintas regiones de Polonia. En esta foto, una planta de producción de sal. / KACPER KOWALSKI  

José Luis Barbería 10 de Junio de 2017

Cáncer, infertilidad, diabetes, superbacterias resistentes a los antibióticos… Son las nuevas plagas de la contaminación global, vinculadas a la exposición creciente a compuestos químicos relacionados con nuestro estilo de vida.

LA LECHUGA que usted se sirve a la mesa puede muy bien haber sido regada con amoxicilina o ibuprofeno, sobre todo si el suministrador irriga su huerta con aguas residuales; el pescado que consume puede contener metales pesados, particularmente si se trata de un pez grande, depredador; y el filete de carne quizá proceda de un animal tratado con fármacos o alimentado con piensos basura.

El químico estadounidense Thomas Midgley, inventor de los compuestos clorofluorocarbonos (CFC), falleció en 1944 con la satisfacción de haber hecho un gran servicio a la humanidad. Los CFC, utilizados como refrigeradores en el aire acondicionado de los vehículos, la industria y las neveras domésticas, estaban desempeñando un papel importante en la conservación de los alimentos y, por lo tanto, en la lucha contra el hambre en el mundo. Años después, se evidenció que los CFC eran los principales causantes de la destrucción de la capa de ozono.

El suizo Paul Hermann Müller, premio Nobel de Medicina en 1948 por su descubrimiento del compuesto organoclorado DDT (difenil tricloroetano), tuvo peor suerte. Murió en 1965, tres años después de que el libro La primavera silenciosa, de la bióloga marina Rachel Carson, pusiera de manifiesto que su popular insecticida, tan eficaz en la lucha contra la malaria y la fiebre amarilla, había contaminado hasta al último habitante y rincón del planeta, además de extinguir a especies de fauna y flora. Pese a que fue prohibido en los años setenta, la humanidad y los animales al completo seguimos todavía portando cantidades residuales de ese compuesto. El DDT está hoy presente en las placentas, los cordones umbilicales y la leche con que las madres actuales amamantan a los bebés. Además de DDT, nuestros niños presentan muchas otras sustancias de síntesis en orina y sangre.

Una acería. KACPER KOWALSKI

“¿Es posible hacer un uso sostenible de los productos químicos que mejoran nuestra calidad de vida y, al mismo tiempo, disfrutar de un planeta no contaminado? ¿Podemos seguir vertiendo al medio ambiente todo aquello que nos sobra como si el planeta fuera un sumidero sin fin?”, se pregunta Félix Hernández, catedrático de Química Analítica de la Universidad Jaume I de Castellón. Son interrogantes que llevan tiempo revoloteando sobre la comunidad científica, pero es ahora cuando adquieren un tono de alarma. Las nuevas técnicas de análisis, capaces de detectar concentraciones de sustancias químicas que antes pasaban inadvertidas, han puesto al descubierto un universo contaminante nuevo, inherente a nuestro estilo de vida, que surge del uso intensivo de fármacos y drogas, de detergentes, productos de limpieza, higiene y cosmética, así como de aditivos de gasolina, del consumo de alimentos enlatados y envasados y de los innumerables compuestos plásticos sintetizados por la industria química. Es una toxicidad, por lo general, de poca intensidad, pero silenciosa, múltiple, permanente y global, que se propaga por el aire, los alimentos, la ropa o el agua.

El planeta viene a ser un circuito cerrado de tráfico acumulativo de sustancias sintéticas no biodegradables que transitan por las cadenas alimentarias. A falta de un consenso científico sobre las dosis de concentración peligrosas para la salud humana y el medio ambiente, estos contaminantes, denominados emergentes, continúan contando con el visto bueno administrativo, aunque cada vez están más sujetos a investigación. Los científicos punteros en el fenómeno advierten que nuestra exposición creciente y masiva a estos compuestos está contribuyendo de manera significativa al aumento de los cánceres, la caída de la fertilidad y el incremento de la diabetes, además de a la aparición de superbacterias resistentes a los antibióticos.

PESE A SU PROHIBICIÓN EN LOS AÑOS SETENTA, EL DDT SIGUE PRESENTE HOY EN LAS PLACENTAS, LOS CORDONES UMBILICALES Y LA LECHE MATERNA

“La situación es muy seria. Estamos expuestos a sustancias capaces de alterar nuestro sistema hormonal y causarnos problemas de salud de efectos irreversibles. Las investigaciones están haciendo temblar las bases de la toxicología reguladora, y aunque los lobbies industriales se están movilizando con el mensaje de que no pasa nada, hay una brecha entre la ciencia clínica y las reglamentaciones”, afirma Nicolás Olea, reputado especialista en los contaminantes emergentes que actúan como “disruptores endocrinos”, compuestos químicos que interfieren en el sistema hormonal humano y animal y alteran nuestro crecimiento y reproducción. Miembro de los comités de expertos de Dinamarca y Francia, es el científico más veces citado por sus pares en esta materia (12.800). Y la Unión Europea acaba de encargarle un proyecto presupuestado en 75 millones de euros para que investigue la exposición comunitaria a estos contaminantes.

Los experimentos realizados con peces, moluscos y gasterópodos permiten a los investigadores atribuir a los disruptores endocrinos fenómenos de feminización, hermafroditismo y masculinización, malformaciones en recién nacidos, el desarrollo de cánceres de dependencia hormonal —mama, próstata, ovarios—, el aumento de la infertilidad y el crecimiento de tejido endometrial fuera del útero (endometriosis). Otro ejemplo: la pérdida de cantidad y calidad del semen es un hecho. Se sabe que el conteo espermático cayó casi al 50% durante el periodo 1940-1990.

“La salud de nuestro planeta y la nuestra propia están amenazadas”, advierte Miren López de Alda, especialista del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en diagnóstico ambiental y estudios del agua. “Durante décadas, hemos vertido al medio ambiente toneladas de sustancias biológicamente activas, sintetizadas para su uso en la agricultura, la industria, la medicina, etcétera. Como consecuencia de su uso intensivo, sobre todo, en granjas y piscifactorías, algunos antibióticos se han hecho ineficaces”.

Un agricultor esparciendo fertilizante en el campo. KACPER KOWALSKI

Muchos fármacos y pesticidas —ambos se utilizan en cantidades similares— persisten durante décadas en el medio ambiente acuático, a veces modificados y sujetos a transformaciones químicas incontroladas. “Antiguamente se creía que todo dependía de la dosis”, explica Miquel Porta, catedrático de Salud Pública en la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del IMIM (Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas). “El veneno es la dosis’, dejó escrito el alquimista y médico Paracelso hace 500 años. Pero hoy sabemos que los contaminantes pueden ser también dañinos a concentraciones bajas”.

“Una parte preocupante de los trastornos y enfermedades crónicas o degenerativas, como las cardiovasculares, ciertos cánceres, la infertilidad, la diabetes, el párkinson o alzhéimer, se debe a las mezclas de contaminantes químicos artificiales”, asegura Porta. “Los llevamos en nuestro cuerpo porque estamos expuestos a ellos de forma continuada y muchos se nos acumulan. La principal vía de penetración en el cuerpo son los alimentos y sus envases, el aire y el agua, la ropa que contiene sustancias plastificadas, los productos de limpieza de la casa y de higiene personal, cosméticos, juguetes… Estos contaminantes perturban nuestra fisiología, incrementan las alteraciones genéticas y epigenéticas: lesionan nuestro ADN y dañan nuestro sistema nervioso”.

DE LOS 140.000 PRODUCTOS QUE SINTETIZA LA INDUSTRIA QUÍMICA, SOLO SE HAN ANALIZADO 1.600 PARA VER SI SON TÓXICOS O CANCERÍGENOS

En apoyo de esta tesis, el investigador barcelonés aduce un largo listado de estudios que demuestran la presencia de contaminantes en la sangre de las embarazadas, adolescentes y niños de distintas ciudades españolas. “Hace 25 años pensaba que las conclusiones de Nicolás Olea eran algo alarmistas, pero ahora creo que se quedaba corto”, prosigue Porta. “La situación es mucho peor de lo que parecía. A los viejos contaminantes persistentes que entraron en la cadena alimentaria humana y animal décadas atrás, antes de ser prohibidos, se están uniendo los 140.000 productos sintetizados por la industria química. Solo unos 1.600, el 1,1%, han sido analizados para determinar si son cancerígenos, tóxicos para la reproducción o disruptores endocrinos, así que nos quedan por analizar los 138.400 restantes”. Todos los años salen al mercado entre 500 y 1.000 nuevos productos. Solo el comercio mundial de automóviles supera al de las sustancias químicas.

“No tenemos una imagen completa de todos los componentes industriales sintetizados en el mercado de la UE”, admite Hanna-Kaisa Torkkeli, portavoz de la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA), con sede en Helsinki. “Nuestro reglamento comunitario REACH es pionero en exigir a las industrias que aporten datos que cumplan con los requisitos legales, pero la calidad de la información que nos suministran dificulta a menudo que podamos hacernos un juicio global sobre la peligrosidad del producto en cuestión. Las autoridades regulatorias analizan cientos de sustancias, al tiempo que insistimos a las empresas para que nos ofrezcan datos más fiables”. De los 553 compuestos evaluados como potenciales disruptores endocrinos, 194 han sido incluidos en la categoría “clara evidencia de perturbación endocrina” y 125 en la de “posibilidad de perturbación endocrina”.

La ECHA tiene abierto un plazo que finaliza el 31 de mayo de 2018 para que las industrias registren las sustancias químicas que fabrican o importan en cantidad superior a una tonelada. “Más de 11.000 empresas lo han hecho hasta ahora”, afirma Hanna-Kaisa Torkkeli. “Nuestra base de datos reúne información de más de 120.000 productos químicos. De las 173 sustancias consideradas de gran peligrosidad potencial, 31 han sido incluidas en el listado de las que únicamente pueden ser comercializadas con una autorización específica. El control efectivo es mucho mayor que hace 10 años”.

Vista desde el aire del techo de un depósito de combustible. KACPER KOWALSKI

“Nosotros aplicamos el reglamento REACH y somos un sector superregulado”, manifiesta María Eugenia Anta, directora de Tutela de Producto de la patronal química Feique. “Aunque no podemos evitar que la gente se tire a un río contaminado. Este es un tema complejo. Hay miles de sustancias, incluidos el café y la soja, que pueden interactuar en el terreno endocrino. Nosotros hacemos nuestros propios estudios y réplicas de las investigaciones y creemos que un producto puede tener efectos sobre los animales, pero no sobre las personas”.

La industria química española viene de experimentar una década prodigiosa con un aumento espectacular de las exportaciones y unos ingresos superiores a los 60.000 millones de euros anuales. Da empleo a 191.000 personas y supone el 12,4% del PIB. “Innovando para un futuro sostenible. La química como solución inteligente para el futuro de las personas”, es el lema que preside la asociación patronal.

“El poder de producción e innovación de la industria química farmacéutica y alimentaria es muy superior a la capacidad de control de las Administraciones”, declara Jesús Ibarluzea, biólogo de la sanidad vasca. “Ahora sabemos que no todo lo que viene con el marchamo de progreso es para bien. Antes, considerábamos que el tejido adiposo era neutro, pero ahora vemos que muchas sustancias se acumulan en él, son obesogénicas. También comprobamos que los niños más expuestos a los compuestos organoclorados (plaguicidas y PCB) tienen menor desarrollo físico y neurológico; que hay compuestos organobromados en plásticos y espumas; que los bisfenoles están presentes en la capa interior blanca de las latas de conservas y en diversas resinas; y que el teflón, el compuesto perfluorado que forma la capa antiadherente de las sartenes, termina en nuestro estómago. A este largo listado hay que añadir otro montón de sustancias que se encuentran en los productos de limpieza, cosmética o protección solar, algunos con propiedades de disruptores endocrinos, pero, en general, poco conocidos en sus efectos sobre la salud”.

LOS NIÑOS DE VALENCIA TIENEN MÁS MERCURIO PORQUE CONSUMEN MÁS PESCADO. CADA REGIÓN, CADA PAÍS, TIENE SU HUELLA TÓXICA

“Sabemos que los microplásticos utilizados en la fabricación de bolsas, contenedores de bebida y comida, envoltorios y juguetes pueden durar hasta 100 años en el mar, ser ingeridos por peces mesopelágicos (que navegan entre la superficie y los 200 metros de profundidad) y pasar a formar parte de nuestra cadena alimentaria. Es lo que yo llamo la “contaminación interior”, abunda Miquel Porta. Al igual que la OMS (Organización Mundial de la Salud), las agencias europeas reconocen que, efectivamente, algunas de las sustancias sintetizadas pueden causar infertilidad, diabetes y cáncer. Admiten igualmente que el cuerpo humano no es capaz de metabolizar compuestos plásticos y otras sustancias utilizadas por la industria.

José Luis Rodríguez Gil, investigador especializado en ciencias ambientales y miembro de la Sociedad de Toxicología y Química Ambiental (SETAC), relativiza el peligro de los componentes sintéticos y pone en valor los beneficios en la pelea contra el cáncer que proporciona haber reducido el uso de estufas y chimeneas. Juzga irrelevante que las sustancias contaminantes sean sintéticas o de origen natural y defiende que el cuerpo humano puede metabolizar o almacenar ambas igual e indistintamente. “La función principal del hígado es deshacerse de esos compuestos”, apunta. A la espera de nuevas pruebas, se inclina por atribuir a los cambios en el estilo de vida las tasas de incidencia de enfermedades que detectan los estudios epidemiológicos. Admite, eso sí, como “áreas de incertidumbre” y fuentes de “alarma”, la exposición a los antibióticos, a los disruptores endocrinos y a las mezclas de sustancias, pero indica: “Hasta hoy no tenemos la certeza al 100% de que exista un problema generalizado y, de haberlo, cuáles serían los compuestos responsables”.

La suya es una posición discutida. “El hombre ha estado siempre expuesto a mezclas complejas de compuestos químicos, pero el número y variedad de ellos, en su mayoría sintéticos, han aumentado de forma exponencial en las últimas décadas y en un periodo de tiempo corto que hace difícil que la naturaleza pueda adaptarse”, subraya Miren López de Alda. “No es cierto que los actuales niveles sanguíneos de tóxicos hayan existido siempre”, asevera Miquel Porta. “Comparar la toxicidad actual con la que generaban el carbón de cocina, etcétera, es un despropósito semejante al de equiparar la contaminación de nuestros días con la producida por las erupciones volcánicas y los grandes incendios de la antigüedad. Lo que tenemos ahora en el cuerpo es miles de veces superior”.

Un obstáculo mayor a la hora de asentar la certidumbre científica en los foros de la industria, las Administraciones y la política es la dificultad de establecer con exactitud qué cantidades de las sustancias disruptivas representan un peligro objetivo para el ser humano. Se sabe que en los momentos críticos de la gestación y la primera infancia una pequeña dosis puede ser muy dañina. “El bebé que mama leche contaminada no va a caer fulminado en el acto, desde luego, pero puede tener un problema de fertilidad décadas más tarde”, apunta Nicolás Olea. Si asociar causa (contaminación) y efecto (enfermedad) en el plano individual resulta difícil, lo es mucho más evaluar con precisión las consecuencias de la exposición múltiple ambiental, el denominado “efecto cóctel”. “Somos más complejos que los peces y a nosotros enfermar nos lleva su tiempo, pero la exposición continuada a bajas dosis y sus efectos están ahí”, subraya Olea.

 Zona de almacén de materiales y carga en el puerto de Gdynia (Polonia). KACPER KOWALSKI

Además de DDT, el científico de Granada ha encontrado otro disruptor endocrino, el tetrabromo bisfenol A (un eficaz retardador de la llama utilizado en el textil que evita que los objetos ardan), en la totalidad de las placentas y la sangre de bebé analizadas. “El cáncer de mama en Granada aumenta anualmente el 2,8% y ese incremento no es solo atribuible al hecho de que las mujeres tienen ahora hijos más tarde —dar de mamar previene contra ese cáncer—, sino también a la contaminación ambiental”, asegura. “Es esa contaminación, que en algunas personas supera el centenar de compuestos químicos en sangre, la que explica que los niños españoles meen plásticos, cosméticos, metales pesados… Los de Valencia tienen más mercurio de la cuenta, y es porque consumen más pescado. Cada región, cada país, tiene su propia huella tóxica, pero el fenómeno es general. Cabe muy poco consuelo cuando te dicen que los niños alemanes tienen incluso valores superiores a los nuestros”.

La constatación de que las madres transfieren parte de su contaminación a los bebés que amamantan ha llevado incluso a cuestionar la conveniencia de la lactancia, aunque los especialistas se pronuncian a favor de mantenerla por los grandes beneficios de la leche materna. “Todos los esfuerzos de la industria y de las Administraciones van encaminados al diagnóstico y al tratamiento individualizado, cuando lo que tenemos es un problema ambiental que deberíamos encauzar por la vía de la prevención”, asevera Olea. “Es absurdo combatir la infertilidad derivada de la técnica con más técnica y multiplicando las clínicas de fertilización privadas. Alguien debería ver esto con perspectiva”.

LOS EXPERTOS PIDEN QUE SE INSTALEN FILTROS EN LAS DEPURADORAS PARA IMPEDIR QUE LOS NUEVOS TÓXICOS SINTÉTICOS PASEN AL CICLO DEL AGUA

¿Qué hacer? Dar marcha atrás en los hábitos de consumo parece una quimera. ¿Acaso podemos prescindir de los plastificantes y del resto de policarbonatos que se nos han hecho indispensables y sustentan parte de la economía? ¿Habría que prohibir la píldora anticonceptiva y el tratamiento contra la menopausia, dos de los estrógenos sintéticos que más disforia de género producen? La retirada del mercado del Vioxx, el antiinflamatorio cardiotóxico, solo se produjo en septiembre de 2004 después de largos meses de debate y cuando el número de sus víctimas se contaban por miles. Hubo que esperar a junio de 2011 para que la UE prohibiera los biberones de plasma de policarbonato de toda la vida. A propósito de las actuaciones de la multinacional Monsanto, acusada de amañar mediante sobornos informes falsamente científicos favorables a sus intereses, la Corte Penal Internacional ha propuesto incorporar el delito de ecocidio para quienes “causen daños sustanciales y duraderos a la diversidad biológica y a los ecosistemas y afecten a la vida y salud de las poblaciones humanas”.

Parece obligado que determinados fármacos —el amidotrizoato y el iopamidol (utilizados como medio de contraste en rayos X), la carbamazepina (de uso en el tratamiento de la epilepsia), el diclofenaco (analgésico) y el clotrimazol (antimicótico)— pasen a ser considerados sustancias prioritarias peligrosas por su ecotoxicidad en el medio ambiente. Pero, más allá de las prohibiciones puntuales, lo que se propone son medidas preventivas. La más reclamada por los especialistas medioambientales, aunque costosa, es la instalación de filtros de tratamiento modernos en las estaciones depuradoras de aguas residuales para impedir que los nuevos tóxicos sintéticos pasen al ciclo del agua.

“No es cierto que no pueda hacerse nada”, opina Miquel Porta. “Se puede mejorar la eficacia de las agencias de salud públicas; apoyar a los agricultores, ganaderos y empresarios para que hagan mejor su trabajo; se puede mentalizar a la población para que no caliente en el microondas alimentos dentro de tuppers o envases de plástico y para que recicle mejor y no vierta fármacos ni productos tóxicos por los desagües”. Si, como sostienen los científicos, los detergentes, fármacos y cosméticos participan activamente en la contaminación general, haríamos bien en autolimitarnos en su uso. Hoy por hoy, vivimos instalados en la paradoja de que cuanto más cuidados e higiene personal nos aplicamos y más y más limpiamos nuestros hogares, más contribuimos a propagar las sustancias tóxicas.

Como con el cambio climático, encarrilar el problema requerirá consenso político, grandes acuerdos y una nueva conciencia ciudadana. Nicolás Olea no oculta su impaciencia: “A menudo me pregunto si quienes nos patrocinan y subvencionan, incluso generosamente, se leen las conclusiones de nuestros trabajos. Me gustaría que los escépticos se imaginaran por un momento que tenemos razón y que todo esto que decimos se manifiesta claramente dentro de 40 años, cuando haya que entonar a coro: ¡La hemos hecho buena, la hemos fastidiado bien!”.

 
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Publicado por en 22 junio, 2017 en Salud y bienestar

 

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Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple


06/08/14

Petición ante el Parlamento Europeo acusa a los Estados Miembros de Omisión por Comisión, al no reconocer la enfermedad.

El Parlamento Europeo entró en receso en agosto, pero días antes la Comisión de Peticiones recibió una presentación de la abogada argentina Dra Graciela Vizcay Gomez quien viajó a Italia para representar a la Socióloga italiana, Rita Ghiringhelli.

El objeto de la presentación es la “Falta de Regulación y Reconocimiento de las nuevas enfermedades ambientales: Sensibilidad Química Múltiple, Fibromialgia, Fatiga Crónica y otras patologías asociadas” que, ni la UE, ni la OMS, ni el Código CIE-10/11 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades) la reconocen.” dice la abogada.

Un estudio jurídico de Florencia realiza al mismo tiempo, la demanda judicial administrativa.

El documento hace hincapié de la “Inexistencia de un Código Gnoseológico que proteja al ciudadano de la UE, y del resto del mundo, por eso es que venimos a solicitar el tratamiento de forma expedita de dicha inexistencia de regulación, reconocimiento, tratamiento de la enfermedad como tal y no como una supuesta patología de “fantasía psicológica” discriminando a los que padecen estas enfermedades físicas, de igual forma otrora sucedió con los afectados por HIV, por dar solo un ejemplo.” expresa uno de los puntos del documento.

En uno de los párrafos más fuertes, la abogada Vizcay Gomez exige la “imperiosa necesidad de una legislación operativa”, para toda la UE, que parece tener una “sub-unión de dos Estados”, separados de los demás, que la integran solo Alemania y Austria, donde estas enfermedades han sido reconocidas como “enfermedad física”. “El código T78.4, se ha utilizado para el reconocimiento de la SQM, en Alemania y Austria. Sendos países son pioneros en materia de salud respecto al tema de marras, solo nos deja entrever que el Tratado de Lisboa, diseñado para mejorar el funcionamiento de la UE, es solo una manifestación de deseos. Asimismo la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, referente a la Dignidad, Igualdad y Solidaridad es una utopía, por cuanto su Título V sobre Ciudadanía además de ser un título “programático” es estéril, habida cuenta que en la UE hay ciudadanos de “primera y de segunda” algunos con acceso a la salud y otros que mueren en el intento.” sostiene la abogada.

“Dado que la OMS aún no ha incluido la SQM/FM/FC y otras enfermedades a escala global en la citada clasificación internacional y que esta organización no permite que los países puedan introducir nuevos códigos (…) pese a que el número de afectados aumenta de forma exponencial, cada vez en edades más tempranas, y que livianamente el Parlamento Europeo las incluye dentro de un “número creciente de enfermedades vinculadas a factores medioambientales” asevera, y agrega imputando al organismo la complicidad con las transnacionales manifestando que “Cuando se trata de OGM, el andamiaje del Parlamento parece funcionar de forma eficaz y expedita, como si los loobies y el poder económico de las multinacionales farmacéuticas y químicas sirvieran de engranaje para mover la rueda estanca de las distintas Comisiones. Que dicho sea de paso, aún ante la gravedad de los temas que nos ocupan, no pueden fatigarse más de una vez al mes, para decidir con total discrecionalidad “qué tema se tratará y cual no” agrega la profesional, reconocida por sus denuncias internacionales sobre agrotóxicos, dejando clara su posición sobre la hipocresía, connivencia y desidia, de la que acusa constantemente, a los organismos internacionales, incluido el Vaticano.

La socióloga Ghiringhelli acompañó a la abogada que entregó sus causas al Papa Francisco en la Audiencia del 16 de octubre pasado en el Vaticano (http://www.novanacional.com/nota.aspn=2013_10_26&id=35334&id_tiponota=11), que luego negó una audiencia grupal a la abogada y científicos italianos por lo que Vizcay Gomez apuntó directamente a Peter Turkson del Consejo de Paz del Vaticano, que pretendía recibirla a ella y a la comitiva, de ser “cómplice del genocidio” (http://www.novargentina.com/nota.aspn=2014_5_27&id=37587&id_tiponota=4) haciendo alusión al documento emanado el mes de mayo de 2009 en la Semana de Estudio sobre el tema: “Plantas Transgénicas para la Seguridad Alimentaria en el Contexto del Desarrollo”, auspiciado por la Pontificia Academia de las Ciencias, en su sede de la Casina Pio IV del Vaticano, al que describió como “una gran falacia, llena de errores garrafales”.

Otro párrafo del documento expresa que “Siendo quien suscribe, una ciudadana italiana que padece dichas patología que se agudizan en forma progresiva, tiene un curso crónico, que no se limita a un solo órgano o sistema, que discapacita, que excluye, que es compleja y necesita un tratamiento terapéutico multidisciplinario. Sin la debida atención médica, legal y un verdadero Estado “Garante”, que nos permita a todos los afectados, es imposible y solo una expresión de deseos, el disfrute de los derechos básicos en materia de salud, asistencia y demás derechos derivados reconocidos por la Declaración Universal de los DDHH y por las cartas magnas de todos los países democráticos.”

En el punto cinco de la petición, la abogada acusa al Parlamento Europeo de “inacción y omisión” y de “letra muerta” a la Revisión intermedia del Plan de Acción Europeo sobre Medio Ambiente y Salud 2004-2010 y a la Decisión Nº 1350/2007/CE por la que se establece el segundo Programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud, Libro Blanco titulado «Juntos por la salud: un planteamiento estratégico para la UE .

-“La Encefalomielitis Miálgica (ME), el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), y la Fatiga Crónica (CF) se distinguen con precisión, y los criterios de Fukuda son suficientes para hacer una distinción entre la EM / SFC y CF, pero los pacientes con EM / SFC deben subdividirse en ME (con PEM) y el síndrome de fatiga crónica (sin PEM).” asegura. Siguiendo el mismo planteamiento, la redacción continúa citando: “El apartado 1° del artículo 11-63 de la Constitución Europea proclama que“ toda persona tiene derecho a su integridad física y psíquica”, alegando una responsabilidad penal sobre una “imputación de resultados diferidos”, habida cuenta que el resultado de esa omisión ante la falta de legislación produce la muerte de millones de afectados por estas patologías ambientales, un resultado a largo plazo, diferido, no inmediato”. Acusando nuevamente a la UE de incumplimiento de los “deberes asistenciales” solidariamente con la OMS y todo organismo que debería garantizarlo. A lo que la abogada llama: “Un abandono unilateral del paciente, lo que se conoce como “posición de garante” en una posición de omisión. La voluntad aquí consiste en no dirigir un proceso causal tendiente a evitar el resultado típico de muerte cuando “tenía capacidad para hacerlo”.

“Que una persona se encuentre en una situación desamparada, en este caso de toda legislación y reconocimiento de la enfermedad, negándose el acceso a derechos del paciente, a asistencias social (pensiones), medicación (coberturas médicas) etc., significa que se encuentra en una situación de necesidad de ayuda ajena y al mismo tiempo de carencia de ella. Agravado en los casos que quien desampara es un funcionario público. Es decir, el bien jurídico personal objeto de tutela es la vida, la integridad personal, la integridad moral”, agrega:

Según datos que aporta, en los países industrializados se atribuyen a factores medioambientales entre el 25 y el 33% de las enfermedades, siendo la infancia el grupo más vulnerable y que en febrero de 2013 un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca del estado de los conocimientos científicos sobre las sustancias químicas que perturban la función endocrina, muchas sustancias químicas sintéticas cuyos efectos sobre el sistema hormonal todavía están por investigar, podrían tener importantes repercusiones en la salud. En este informe, dice la abogada, se pide cínicamente que se “siga investigando”.

La FDA desde USA, citada como otra cómplice, en abril de 2013, en el documento “The Voice of the Patient” llevó a cabo una reunión pública y donde los términos SFC, EM y SFC y ME se utilizan indistintamente. Describiendo el SFC y ME enfermedad grave o un conjunto de enfermedades para las que en la actualidad no hay tratamientos aprobados por la FDA. “El único fin de esa reunión era aprobar medicamentos para tratamiento de dichas enfermedades, beneficiando a las farmacéuticas” aclara Vizcay Gomez.

Los enfermos de Sensibilidad Química Múltiple, Encefalomielitis Miálgica/SFC, Fibromialgia y Electrohipersensibilidad llevan décadas pidiendo que estas enfermedades sean reconocidas por el sistema sanitario como tales, adecuada asistencia sanitaria a pesar de que como en los casos de la Esclerosis Múltiple, el Parkinson o el Alzheimer no tengan tratamiento.

– “Las enfermedades de Sensibilización Central actualmente no tienen cura. Son para siempre. Aún así el Estado los deja desprotegidos, sumidos en una indefensión total y con escasos recursos en un muy elevado porcentaje de casos”, agrega la abogada.

La Petición concluye con cinco puntos concretos:

– La enfermedades MCS, EM / SFC y FM comparten la mayor parte de las anomalías, las pruebas y los síntomas, se peticiona a esta Comisión el reconocimiento de la enfermedad en toda la UE

– Exige la inclusión de la SQM en el CIE-10/11, tal y como hicieron Alemania y Austria

– El reconocimiento como incapacidad y discapacidad a causa de la enfermedad en los casos concretos.

– Campañas de divulgación sobre la SQM y demás patologías citadas

– Legislar acorde al previo reconocimiento de la enfermedad, ya que los afectados se ven obligados a acudir a los tribunales para exigir que se les reconozca sus derechos, existiendo especialistas médicos capaces de diagnosticar con exactitud esta enfermedad. Y la necesaria redacción de un Código Gnoseológico que englobe tanto el perfil etiológico, la patogenia, y los síntomas de la enfermedad.

Como consideración final el documento concluye citando nuevamente a la Declaración Internacional Sobre los Peligros Sanitarios de la Contaminación Química (conocida como El llamamiento de París), argumentando que:

“…El hombre está expuesto hoy a una contaminación química difusa ocasionada por múltiples sustancias o productos químicos que producen efectos sobre la salud del hombre como consecuencia de una regulación insuficiente. Que esa contaminación química se ha convertido en una de las plagas humanas actuales y que la medicina contemporánea no consigue detener; que a pesar del progreso de las investigaciones médicas, la medicina corre el peligro de no poderlas erradicar”, y eso, sumado a la falta de un reconocimiento de la patología es sin duda “un delito claro de Comisión por Omisión, omitir evitar el resultado típico, equivale por su injusto a la Comisión Activa”, asegura la profesional.

 
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Publicado por en 7 agosto, 2014 en Sin categoría

 

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Alertan de una ‘pandemia silenciosa’ de trastornos en niños por tóxicos químico

Alertan de una ‘pandemia silenciosa’ de trastornos en niños por tóxicos químico

Según un estudio publicado en The Lancet

17/02/2014 – M.G.

  • Estiman crucial el control de estos químicos para para proteger el desarrollo del cerebro de los niños en todo el mundo.
  • Piden la creación de un organismo internacional de control y la obligatoriedad de pruebas para los productos químicos.

Los productos químicos tóxicos usados en la industria y presentes en el día a día de millones de personas pueden estar detrás del aumento de diagnósticos de problemas de desarrollo neurológico en niños, que derivan en casos de autismo, trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), dislexia y otros trastornos cognitivos.

Todo apunta a que los productos químicos industriales que dañan el cerebro en desarrollo se encuentran entre las causas conocidas de este aumento de la prevalencia de discapacidades del desarrollo neurológico, que afectan a millones de niños en todo el mundo.

En 2006, un grupo de investigadores realizó una revisión sistemática con la que identificaron cinco productos químicos industriales potenciales neurotóxicos para el desarrollo: PlomoMetilmercurioBifenilos policloradosArsénico Tolueno.

Desde 2006 , los estudios epidemiológicos han documentado seis productos químicos adicionales como neurotóxicos, cuya incidencia se muestra en un nuevo estudio llevado a cabo de forma conjunta entre la Harvard School of Public Health (HSPH) y la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, que habla de una verdadera pandemia silenciosa.

Pandemia.(Del gr. πανδημία, reunión del pueblo).1. f. Med. Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.

En el nuevo trabajo, publicado en la revista The Lancet Neurology, los investigadores reclaman de manera urgente una estrategia mundial para la prevención y control del uso de estas sustancias.

Daños en el desarrollo cerebral

Philippe Grandjean, profesor adjunto de salud ambiental en el HSPH, destaca que la mayor preocupación de los autores del estudio es “el elevado número de niños afectados por el daño causado por tóxicos en el desarrollo cerebral, y que carecen de un diagnóstico formal. Sufren la reducción de su capacidad de atención, retraso en el desarrollo, y bajo rendimiento escolar. Y los productos químicos industriales están tomando fuerza entre las posibles causas”.

El nuevo informe es la continuación de un trabajo similar realizado por los autores en 2006, en el que ya se identificaron cinco productos químicos industriales como “neurotóxicos del desarrollo”, o sustancias químicas que pueden causar déficits cerebrales.

El nuevo estudio ofrece resultados actualizados sobre los efectos de productos químicos nocivos, y añade información sobre seis de ellos:

1- Manganeso.

2- Fluoruro

3- Clorpirifós (pesticida usado para controlar las plagas de insectos)

4- DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano, un pesticida)

5- Tetracloroetileno (un disolvente )

6- Éteres Difenil Polibromados ( retardantes de llama).
En el estudio se esbozan los posibles vínculos entre estos neurotóxicos recientemente reconocidos y los efectos negativos para la salud en los niños, entre ellos destacan los siguientes:

El manganeso se asocia con la disminución de la actividad intelectual y alteración de las habilidades motoras; Los disolventes están vinculados a la hiperactividad y al comportamiento agresivo; Ciertos tipos de pesticidas pueden causar retrasos cognitivos.

Aunque denuncia la especial incidencia de los citados seis tóxicos, Philippe Grandjean como coautor del trabajo también estima posible que haya muchos más productos químicos además de la docena de conocidos neurotóxicos, que estarían contribuyendo a una “pandemia silenciosa” de déficits neuroconductuales, que estarían erosionando capacidades intelectuales, alterando los comportamientos y dañando a las sociedades.

Pero, y en esto insiste el trabajo publicado en The Lancet Neurologyel control de esta pandemia es difícil debido a la escasez de datos que existen para orientar las campañas de prevención y la enorme cantidad de pruebas necesarias para que se pueda acometer una regulación del uso de estas sustancias por los gobiernos.

Los autores dicen controlar el uso de estos productos químicos es crucial para para proteger el desarrollo del cerebro de los niños en todo el mundo. Para lograr este objetivo, los autores del trabajo proponen que se instauren pruebas obligatorias para los productos químicos industriales. Además estiman conveniente la formación de un organismo internacional que evalue los productos químicos industriales y su potencial neurotoxicidad e incidencia en el desarrollo.

“El problema es de alcance internacional, y la solución debe de ser también internacional”, señala Grandjean, que pone el acento en que, ya que se cuenta con las herramientas necesarias “para poner a prueba los productos químicos industriales y sus efectos nocivos sobre el desarrollo del cerebro de los niños, es el momento de convertir dichas pruebas en obligatorias”.

Fuente: http://www.teinteresa.es/salud/alertacerebralescausadosquimicostoxicos_0_1086492520.html

 
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Publicado por en 19 febrero, 2014 en Salud y bienestar

 

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