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Venenos silenciosos


Belleza tóxica desde el aire. Las imágenes que ilustran este reportaje pertenecen a los proyectos Side Effects y Toxic Beauty, del polaco Kacper Kowalski, sobre la compleja relación del ser humano con la naturaleza. Se trata de fotografías tomadas desde el aire en vuelos en parapente a unos 150 metros de altura en distintas regiones de Polonia. En esta foto, una planta de producción de sal. / KACPER KOWALSKI  

José Luis Barbería 10 de Junio de 2017

Cáncer, infertilidad, diabetes, superbacterias resistentes a los antibióticos… Son las nuevas plagas de la contaminación global, vinculadas a la exposición creciente a compuestos químicos relacionados con nuestro estilo de vida.

LA LECHUGA que usted se sirve a la mesa puede muy bien haber sido regada con amoxicilina o ibuprofeno, sobre todo si el suministrador irriga su huerta con aguas residuales; el pescado que consume puede contener metales pesados, particularmente si se trata de un pez grande, depredador; y el filete de carne quizá proceda de un animal tratado con fármacos o alimentado con piensos basura.

El químico estadounidense Thomas Midgley, inventor de los compuestos clorofluorocarbonos (CFC), falleció en 1944 con la satisfacción de haber hecho un gran servicio a la humanidad. Los CFC, utilizados como refrigeradores en el aire acondicionado de los vehículos, la industria y las neveras domésticas, estaban desempeñando un papel importante en la conservación de los alimentos y, por lo tanto, en la lucha contra el hambre en el mundo. Años después, se evidenció que los CFC eran los principales causantes de la destrucción de la capa de ozono.

El suizo Paul Hermann Müller, premio Nobel de Medicina en 1948 por su descubrimiento del compuesto organoclorado DDT (difenil tricloroetano), tuvo peor suerte. Murió en 1965, tres años después de que el libro La primavera silenciosa, de la bióloga marina Rachel Carson, pusiera de manifiesto que su popular insecticida, tan eficaz en la lucha contra la malaria y la fiebre amarilla, había contaminado hasta al último habitante y rincón del planeta, además de extinguir a especies de fauna y flora. Pese a que fue prohibido en los años setenta, la humanidad y los animales al completo seguimos todavía portando cantidades residuales de ese compuesto. El DDT está hoy presente en las placentas, los cordones umbilicales y la leche con que las madres actuales amamantan a los bebés. Además de DDT, nuestros niños presentan muchas otras sustancias de síntesis en orina y sangre.

Una acería. KACPER KOWALSKI

“¿Es posible hacer un uso sostenible de los productos químicos que mejoran nuestra calidad de vida y, al mismo tiempo, disfrutar de un planeta no contaminado? ¿Podemos seguir vertiendo al medio ambiente todo aquello que nos sobra como si el planeta fuera un sumidero sin fin?”, se pregunta Félix Hernández, catedrático de Química Analítica de la Universidad Jaume I de Castellón. Son interrogantes que llevan tiempo revoloteando sobre la comunidad científica, pero es ahora cuando adquieren un tono de alarma. Las nuevas técnicas de análisis, capaces de detectar concentraciones de sustancias químicas que antes pasaban inadvertidas, han puesto al descubierto un universo contaminante nuevo, inherente a nuestro estilo de vida, que surge del uso intensivo de fármacos y drogas, de detergentes, productos de limpieza, higiene y cosmética, así como de aditivos de gasolina, del consumo de alimentos enlatados y envasados y de los innumerables compuestos plásticos sintetizados por la industria química. Es una toxicidad, por lo general, de poca intensidad, pero silenciosa, múltiple, permanente y global, que se propaga por el aire, los alimentos, la ropa o el agua.

El planeta viene a ser un circuito cerrado de tráfico acumulativo de sustancias sintéticas no biodegradables que transitan por las cadenas alimentarias. A falta de un consenso científico sobre las dosis de concentración peligrosas para la salud humana y el medio ambiente, estos contaminantes, denominados emergentes, continúan contando con el visto bueno administrativo, aunque cada vez están más sujetos a investigación. Los científicos punteros en el fenómeno advierten que nuestra exposición creciente y masiva a estos compuestos está contribuyendo de manera significativa al aumento de los cánceres, la caída de la fertilidad y el incremento de la diabetes, además de a la aparición de superbacterias resistentes a los antibióticos.

PESE A SU PROHIBICIÓN EN LOS AÑOS SETENTA, EL DDT SIGUE PRESENTE HOY EN LAS PLACENTAS, LOS CORDONES UMBILICALES Y LA LECHE MATERNA

“La situación es muy seria. Estamos expuestos a sustancias capaces de alterar nuestro sistema hormonal y causarnos problemas de salud de efectos irreversibles. Las investigaciones están haciendo temblar las bases de la toxicología reguladora, y aunque los lobbies industriales se están movilizando con el mensaje de que no pasa nada, hay una brecha entre la ciencia clínica y las reglamentaciones”, afirma Nicolás Olea, reputado especialista en los contaminantes emergentes que actúan como “disruptores endocrinos”, compuestos químicos que interfieren en el sistema hormonal humano y animal y alteran nuestro crecimiento y reproducción. Miembro de los comités de expertos de Dinamarca y Francia, es el científico más veces citado por sus pares en esta materia (12.800). Y la Unión Europea acaba de encargarle un proyecto presupuestado en 75 millones de euros para que investigue la exposición comunitaria a estos contaminantes.

Los experimentos realizados con peces, moluscos y gasterópodos permiten a los investigadores atribuir a los disruptores endocrinos fenómenos de feminización, hermafroditismo y masculinización, malformaciones en recién nacidos, el desarrollo de cánceres de dependencia hormonal —mama, próstata, ovarios—, el aumento de la infertilidad y el crecimiento de tejido endometrial fuera del útero (endometriosis). Otro ejemplo: la pérdida de cantidad y calidad del semen es un hecho. Se sabe que el conteo espermático cayó casi al 50% durante el periodo 1940-1990.

“La salud de nuestro planeta y la nuestra propia están amenazadas”, advierte Miren López de Alda, especialista del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en diagnóstico ambiental y estudios del agua. “Durante décadas, hemos vertido al medio ambiente toneladas de sustancias biológicamente activas, sintetizadas para su uso en la agricultura, la industria, la medicina, etcétera. Como consecuencia de su uso intensivo, sobre todo, en granjas y piscifactorías, algunos antibióticos se han hecho ineficaces”.

Un agricultor esparciendo fertilizante en el campo. KACPER KOWALSKI

Muchos fármacos y pesticidas —ambos se utilizan en cantidades similares— persisten durante décadas en el medio ambiente acuático, a veces modificados y sujetos a transformaciones químicas incontroladas. “Antiguamente se creía que todo dependía de la dosis”, explica Miquel Porta, catedrático de Salud Pública en la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del IMIM (Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas). “El veneno es la dosis’, dejó escrito el alquimista y médico Paracelso hace 500 años. Pero hoy sabemos que los contaminantes pueden ser también dañinos a concentraciones bajas”.

“Una parte preocupante de los trastornos y enfermedades crónicas o degenerativas, como las cardiovasculares, ciertos cánceres, la infertilidad, la diabetes, el párkinson o alzhéimer, se debe a las mezclas de contaminantes químicos artificiales”, asegura Porta. “Los llevamos en nuestro cuerpo porque estamos expuestos a ellos de forma continuada y muchos se nos acumulan. La principal vía de penetración en el cuerpo son los alimentos y sus envases, el aire y el agua, la ropa que contiene sustancias plastificadas, los productos de limpieza de la casa y de higiene personal, cosméticos, juguetes… Estos contaminantes perturban nuestra fisiología, incrementan las alteraciones genéticas y epigenéticas: lesionan nuestro ADN y dañan nuestro sistema nervioso”.

DE LOS 140.000 PRODUCTOS QUE SINTETIZA LA INDUSTRIA QUÍMICA, SOLO SE HAN ANALIZADO 1.600 PARA VER SI SON TÓXICOS O CANCERÍGENOS

En apoyo de esta tesis, el investigador barcelonés aduce un largo listado de estudios que demuestran la presencia de contaminantes en la sangre de las embarazadas, adolescentes y niños de distintas ciudades españolas. “Hace 25 años pensaba que las conclusiones de Nicolás Olea eran algo alarmistas, pero ahora creo que se quedaba corto”, prosigue Porta. “La situación es mucho peor de lo que parecía. A los viejos contaminantes persistentes que entraron en la cadena alimentaria humana y animal décadas atrás, antes de ser prohibidos, se están uniendo los 140.000 productos sintetizados por la industria química. Solo unos 1.600, el 1,1%, han sido analizados para determinar si son cancerígenos, tóxicos para la reproducción o disruptores endocrinos, así que nos quedan por analizar los 138.400 restantes”. Todos los años salen al mercado entre 500 y 1.000 nuevos productos. Solo el comercio mundial de automóviles supera al de las sustancias químicas.

“No tenemos una imagen completa de todos los componentes industriales sintetizados en el mercado de la UE”, admite Hanna-Kaisa Torkkeli, portavoz de la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA), con sede en Helsinki. “Nuestro reglamento comunitario REACH es pionero en exigir a las industrias que aporten datos que cumplan con los requisitos legales, pero la calidad de la información que nos suministran dificulta a menudo que podamos hacernos un juicio global sobre la peligrosidad del producto en cuestión. Las autoridades regulatorias analizan cientos de sustancias, al tiempo que insistimos a las empresas para que nos ofrezcan datos más fiables”. De los 553 compuestos evaluados como potenciales disruptores endocrinos, 194 han sido incluidos en la categoría “clara evidencia de perturbación endocrina” y 125 en la de “posibilidad de perturbación endocrina”.

La ECHA tiene abierto un plazo que finaliza el 31 de mayo de 2018 para que las industrias registren las sustancias químicas que fabrican o importan en cantidad superior a una tonelada. “Más de 11.000 empresas lo han hecho hasta ahora”, afirma Hanna-Kaisa Torkkeli. “Nuestra base de datos reúne información de más de 120.000 productos químicos. De las 173 sustancias consideradas de gran peligrosidad potencial, 31 han sido incluidas en el listado de las que únicamente pueden ser comercializadas con una autorización específica. El control efectivo es mucho mayor que hace 10 años”.

Vista desde el aire del techo de un depósito de combustible. KACPER KOWALSKI

“Nosotros aplicamos el reglamento REACH y somos un sector superregulado”, manifiesta María Eugenia Anta, directora de Tutela de Producto de la patronal química Feique. “Aunque no podemos evitar que la gente se tire a un río contaminado. Este es un tema complejo. Hay miles de sustancias, incluidos el café y la soja, que pueden interactuar en el terreno endocrino. Nosotros hacemos nuestros propios estudios y réplicas de las investigaciones y creemos que un producto puede tener efectos sobre los animales, pero no sobre las personas”.

La industria química española viene de experimentar una década prodigiosa con un aumento espectacular de las exportaciones y unos ingresos superiores a los 60.000 millones de euros anuales. Da empleo a 191.000 personas y supone el 12,4% del PIB. “Innovando para un futuro sostenible. La química como solución inteligente para el futuro de las personas”, es el lema que preside la asociación patronal.

“El poder de producción e innovación de la industria química farmacéutica y alimentaria es muy superior a la capacidad de control de las Administraciones”, declara Jesús Ibarluzea, biólogo de la sanidad vasca. “Ahora sabemos que no todo lo que viene con el marchamo de progreso es para bien. Antes, considerábamos que el tejido adiposo era neutro, pero ahora vemos que muchas sustancias se acumulan en él, son obesogénicas. También comprobamos que los niños más expuestos a los compuestos organoclorados (plaguicidas y PCB) tienen menor desarrollo físico y neurológico; que hay compuestos organobromados en plásticos y espumas; que los bisfenoles están presentes en la capa interior blanca de las latas de conservas y en diversas resinas; y que el teflón, el compuesto perfluorado que forma la capa antiadherente de las sartenes, termina en nuestro estómago. A este largo listado hay que añadir otro montón de sustancias que se encuentran en los productos de limpieza, cosmética o protección solar, algunos con propiedades de disruptores endocrinos, pero, en general, poco conocidos en sus efectos sobre la salud”.

LOS NIÑOS DE VALENCIA TIENEN MÁS MERCURIO PORQUE CONSUMEN MÁS PESCADO. CADA REGIÓN, CADA PAÍS, TIENE SU HUELLA TÓXICA

“Sabemos que los microplásticos utilizados en la fabricación de bolsas, contenedores de bebida y comida, envoltorios y juguetes pueden durar hasta 100 años en el mar, ser ingeridos por peces mesopelágicos (que navegan entre la superficie y los 200 metros de profundidad) y pasar a formar parte de nuestra cadena alimentaria. Es lo que yo llamo la “contaminación interior”, abunda Miquel Porta. Al igual que la OMS (Organización Mundial de la Salud), las agencias europeas reconocen que, efectivamente, algunas de las sustancias sintetizadas pueden causar infertilidad, diabetes y cáncer. Admiten igualmente que el cuerpo humano no es capaz de metabolizar compuestos plásticos y otras sustancias utilizadas por la industria.

José Luis Rodríguez Gil, investigador especializado en ciencias ambientales y miembro de la Sociedad de Toxicología y Química Ambiental (SETAC), relativiza el peligro de los componentes sintéticos y pone en valor los beneficios en la pelea contra el cáncer que proporciona haber reducido el uso de estufas y chimeneas. Juzga irrelevante que las sustancias contaminantes sean sintéticas o de origen natural y defiende que el cuerpo humano puede metabolizar o almacenar ambas igual e indistintamente. “La función principal del hígado es deshacerse de esos compuestos”, apunta. A la espera de nuevas pruebas, se inclina por atribuir a los cambios en el estilo de vida las tasas de incidencia de enfermedades que detectan los estudios epidemiológicos. Admite, eso sí, como “áreas de incertidumbre” y fuentes de “alarma”, la exposición a los antibióticos, a los disruptores endocrinos y a las mezclas de sustancias, pero indica: “Hasta hoy no tenemos la certeza al 100% de que exista un problema generalizado y, de haberlo, cuáles serían los compuestos responsables”.

La suya es una posición discutida. “El hombre ha estado siempre expuesto a mezclas complejas de compuestos químicos, pero el número y variedad de ellos, en su mayoría sintéticos, han aumentado de forma exponencial en las últimas décadas y en un periodo de tiempo corto que hace difícil que la naturaleza pueda adaptarse”, subraya Miren López de Alda. “No es cierto que los actuales niveles sanguíneos de tóxicos hayan existido siempre”, asevera Miquel Porta. “Comparar la toxicidad actual con la que generaban el carbón de cocina, etcétera, es un despropósito semejante al de equiparar la contaminación de nuestros días con la producida por las erupciones volcánicas y los grandes incendios de la antigüedad. Lo que tenemos ahora en el cuerpo es miles de veces superior”.

Un obstáculo mayor a la hora de asentar la certidumbre científica en los foros de la industria, las Administraciones y la política es la dificultad de establecer con exactitud qué cantidades de las sustancias disruptivas representan un peligro objetivo para el ser humano. Se sabe que en los momentos críticos de la gestación y la primera infancia una pequeña dosis puede ser muy dañina. “El bebé que mama leche contaminada no va a caer fulminado en el acto, desde luego, pero puede tener un problema de fertilidad décadas más tarde”, apunta Nicolás Olea. Si asociar causa (contaminación) y efecto (enfermedad) en el plano individual resulta difícil, lo es mucho más evaluar con precisión las consecuencias de la exposición múltiple ambiental, el denominado “efecto cóctel”. “Somos más complejos que los peces y a nosotros enfermar nos lleva su tiempo, pero la exposición continuada a bajas dosis y sus efectos están ahí”, subraya Olea.

 Zona de almacén de materiales y carga en el puerto de Gdynia (Polonia). KACPER KOWALSKI

Además de DDT, el científico de Granada ha encontrado otro disruptor endocrino, el tetrabromo bisfenol A (un eficaz retardador de la llama utilizado en el textil que evita que los objetos ardan), en la totalidad de las placentas y la sangre de bebé analizadas. “El cáncer de mama en Granada aumenta anualmente el 2,8% y ese incremento no es solo atribuible al hecho de que las mujeres tienen ahora hijos más tarde —dar de mamar previene contra ese cáncer—, sino también a la contaminación ambiental”, asegura. “Es esa contaminación, que en algunas personas supera el centenar de compuestos químicos en sangre, la que explica que los niños españoles meen plásticos, cosméticos, metales pesados… Los de Valencia tienen más mercurio de la cuenta, y es porque consumen más pescado. Cada región, cada país, tiene su propia huella tóxica, pero el fenómeno es general. Cabe muy poco consuelo cuando te dicen que los niños alemanes tienen incluso valores superiores a los nuestros”.

La constatación de que las madres transfieren parte de su contaminación a los bebés que amamantan ha llevado incluso a cuestionar la conveniencia de la lactancia, aunque los especialistas se pronuncian a favor de mantenerla por los grandes beneficios de la leche materna. “Todos los esfuerzos de la industria y de las Administraciones van encaminados al diagnóstico y al tratamiento individualizado, cuando lo que tenemos es un problema ambiental que deberíamos encauzar por la vía de la prevención”, asevera Olea. “Es absurdo combatir la infertilidad derivada de la técnica con más técnica y multiplicando las clínicas de fertilización privadas. Alguien debería ver esto con perspectiva”.

LOS EXPERTOS PIDEN QUE SE INSTALEN FILTROS EN LAS DEPURADORAS PARA IMPEDIR QUE LOS NUEVOS TÓXICOS SINTÉTICOS PASEN AL CICLO DEL AGUA

¿Qué hacer? Dar marcha atrás en los hábitos de consumo parece una quimera. ¿Acaso podemos prescindir de los plastificantes y del resto de policarbonatos que se nos han hecho indispensables y sustentan parte de la economía? ¿Habría que prohibir la píldora anticonceptiva y el tratamiento contra la menopausia, dos de los estrógenos sintéticos que más disforia de género producen? La retirada del mercado del Vioxx, el antiinflamatorio cardiotóxico, solo se produjo en septiembre de 2004 después de largos meses de debate y cuando el número de sus víctimas se contaban por miles. Hubo que esperar a junio de 2011 para que la UE prohibiera los biberones de plasma de policarbonato de toda la vida. A propósito de las actuaciones de la multinacional Monsanto, acusada de amañar mediante sobornos informes falsamente científicos favorables a sus intereses, la Corte Penal Internacional ha propuesto incorporar el delito de ecocidio para quienes “causen daños sustanciales y duraderos a la diversidad biológica y a los ecosistemas y afecten a la vida y salud de las poblaciones humanas”.

Parece obligado que determinados fármacos —el amidotrizoato y el iopamidol (utilizados como medio de contraste en rayos X), la carbamazepina (de uso en el tratamiento de la epilepsia), el diclofenaco (analgésico) y el clotrimazol (antimicótico)— pasen a ser considerados sustancias prioritarias peligrosas por su ecotoxicidad en el medio ambiente. Pero, más allá de las prohibiciones puntuales, lo que se propone son medidas preventivas. La más reclamada por los especialistas medioambientales, aunque costosa, es la instalación de filtros de tratamiento modernos en las estaciones depuradoras de aguas residuales para impedir que los nuevos tóxicos sintéticos pasen al ciclo del agua.

“No es cierto que no pueda hacerse nada”, opina Miquel Porta. “Se puede mejorar la eficacia de las agencias de salud públicas; apoyar a los agricultores, ganaderos y empresarios para que hagan mejor su trabajo; se puede mentalizar a la población para que no caliente en el microondas alimentos dentro de tuppers o envases de plástico y para que recicle mejor y no vierta fármacos ni productos tóxicos por los desagües”. Si, como sostienen los científicos, los detergentes, fármacos y cosméticos participan activamente en la contaminación general, haríamos bien en autolimitarnos en su uso. Hoy por hoy, vivimos instalados en la paradoja de que cuanto más cuidados e higiene personal nos aplicamos y más y más limpiamos nuestros hogares, más contribuimos a propagar las sustancias tóxicas.

Como con el cambio climático, encarrilar el problema requerirá consenso político, grandes acuerdos y una nueva conciencia ciudadana. Nicolás Olea no oculta su impaciencia: “A menudo me pregunto si quienes nos patrocinan y subvencionan, incluso generosamente, se leen las conclusiones de nuestros trabajos. Me gustaría que los escépticos se imaginaran por un momento que tenemos razón y que todo esto que decimos se manifiesta claramente dentro de 40 años, cuando haya que entonar a coro: ¡La hemos hecho buena, la hemos fastidiado bien!”.

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Publicado por en 22 junio, 2017 en Salud y bienestar

 

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La Unión Europea reconoce al fin los daños del bisfenol, un químico tóxico cotidiano


Por Miguel Jara 19 de junio de 2017

La Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA por sus siglas en inglés) ha reconocido oficialmente que el bisfenol A es un químico tóxico que altera nuestro sistema hormonal. Esto se sabía desde hace años por cantidad de estudios científicos pero aunque tarde llega el reconocimiento, lo que implicará la toma de medidas reguladoras de la sustancia, muy usada en tiquets de compra, juguetes infantiles, botellas de plástico o latas de conservas.

La decisión de reconocer de manera oficial que el bisfenol A (BPA) es lo que se denomina un “disruptor endocrino” fue adoptada por unanimidad en el seno del comité de la ECHA, que se reunió la semana pasada en Helsinki. Esta sustancia interfiere en el normal desarrollo de las glándulas, en las funciones cognitivas y en el metabolismo.

El bisfenol A es una de las muchas sustancias químicas contaminantes con las que estamos en contacto a diario y que una vez dentro de nuestro organismo modifican el equilibrio de las hormonas. Éstas son mediadoras químicos que conectan un órgano con otro, que los comunican.

La normal actividad de las hormonas puede ser amplificada o disminuida por los disruptores endocrinos que en ocasiones llegan a impedir la actividad de la hormona generando enfermedades.

La iniciativa ha partido de Francia que había propuesto que el bisfenol A se catalogado como tóxico para la reproducción y se incluya en una lista de sustancias extremadamente preocupantes (SVHC) de la ECHA, lo que ha provocado intensos debates en el Comité de los Estados miembros de dicho organismo.

Todo esto se produce produce después del reconocimiento de cuatro sustancias de la familia de los ftalatos (usadas para modelar con facilidad los plásticos), también hayan sido reconocidas como disruptores endocrinos para los seres humanos.

Para la ECHA era fundamental establecer unos criterios claros de identificación de los disruptores endocrinos, algo que puede servir también en las discusiones que en paralelo se llevan a cabo en el contexto de la ley sobre los plaguicidas. Como explica Natacha Cingotti, responsable de las políticas de Salud y Sustancias Químicas, de la Alianza de Salud y Medio Ambiente, una de las organizaciones civiles a las que la Unión Europea ha consultado por este tema:

“Aunque los efectos adversos del BPA están muy bien documentados, las dificultades para que fuese reconocido como un disruptor endocrino nos recuerda la importancia de establecer unos criterios claros sobre los EDC que sirvan de guía en el Comité sobre Plaguicidas de la UE, que se reunirá en las próximas semanas”.

El bisfenol A, muy utilizado en la producción de los plásticos de policarbonato y en revestimientos de las latas en las que se envasan alimentos y bebidas, puede tener consecuencias adversas para la salud reproductiva, el sistema nervioso, el sistema inmunológico e incluso provocar cáncer, de mama por ejemplo, así como interferir en el metabolismo y la salud cardiovascular.

Hasta ahora la UE sólo lo había reconocido como una sustancia preocupante por sus efectos sobre la reproducción. Así que asistimos a un importante avance.

Está claro que los intereses en torno a las sustancias químicas dañinas para la salud humana son muchos.

La principal legislación europea sobre químicos tóxicos, el Reglamento REACH (acrónimo de Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de sustancias y mezclas químicas), tiene un elevado potencial para proteger la salud y el medio ambiente, pero requiere una aplicación y desarrollo efectivos.

Ya se han cumplido diez años desde que se implantó tras una dura pelea que llevó años y años por las trabas que pusieron los lobbies industriales. La Oficina Europea de Medio Ambiente (EEB, en inglés) afirma que todavía queda mucho trabajo para conseguir que la normativa se aplique adecuadamente.

REACH ha ayudado a muchas empresas a comunicar mejor los riesgos de sus productos aunque las compañías siguen reticentes a tratar el tema por la mala imagen que puede acarrearles. Hace dos años se publicó el informe BISFENOL A: Una sustancia tóxica en las latas de comida. ¿Qué están haciendo las empresas alimentarias en España?

Hay empresas que lo han eliminado de sus envases o están en ello pero son las menos, por desgracia. De las más de 100 compañías encuestadas sólo siete declararon explícitamente haberlo retirado de todas sus latas y envases o hacerlo a lo largo de 2015, cuando se hizo el trabajo.

La buena noticia es que un porcentaje importante de las que contestaron, más de un 60%, sí afirmaron estar tomando medidas para eliminar el bisfenol A o al menos estar estudiándolo.

No obstante, más del 70% de las empresas rehúsan informar sobre la presencia de bisfenol A en sus latas y envases.

Esperemos que el nuevo reconocimiento de los daños de esta sustancia conduzca a las industrias a prescindir de ella.

 
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Publicado por en 22 junio, 2017 en Salud y bienestar

 

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Consejos para personas electrosensibles


16 de Junio de 2017 por Ingeniero biomédico, Ceferino Maestu Unturbe

El método más efectivo e inmediato para mejorar la calidad de vida de los afectados consiste en evitar o reducir al máximo la exposición a todas las fuentes de radiación electromagnética.

Incluir en la dieta alimentos ricos en Calcio y Magnesio. Al estar expuestos a intensos campos electromagnéticos nuestro cuerpo pierde gran cantidad de calcio y magnesio, iones esenciales del metabolismo. También se pueden complementar con suplementos alimenticios que incluyan Calcio y Magnesio.

Los alimentos ricos en melatonina y en triptófano (aminoácido precursor de la melatonina) pueden ayudar a las personas sanas a prevenir los efectos nocivos de las radiofrecuencias y a los afectados de electro sensibilidad a recuperar en parte el equilibrio perdido.

De igual manera, los alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 y en compuestos azufrados como el ajo, cebolla, pueden mejorar la circulación sanguínea y ayudar a disminuir los dolores de cabeza, problemas de hipertensión y/o pequeñas arritmias asociadas.

Hay que asegurarse de que no existen carencias nutricionales en la dieta. Para ello conviene suplementarla con uno o varios alimentos que sean ricos en el complejo de las vitaminas B (mejoran la memoria, concentración y agilidad mental).

Los metales pesados (mercurio, plomo, cadmio…) que se pueden acumular a lo largo de los años en nuestro cuerpo y que suelen proceder de alimentos contaminados, de amalgamas que tengamos en la boca, de tuberías antiguas que transporten el agua que bebemos a diario, etc., pueden agravar e intensificar la sensibilidad a las radiaciones electromagnéticas si no se eliminan a tiempo (los metales son muy buenos conductores de la electricidad). Para limpiar nuestro organismo de estos productos tóxicos va muy bien el alga chlorella, así como el ajo y el cilantro.

  • Cambiar dentro de lo posible las fuentes de radiación del entorno doméstico: teléfono inalámbrico, especialmente en los dormitorio
  • Limitar el uso del teléfono móvil. Tener el terminal lo más alejado posible de la cabeza y del cuerpo utilizando para ello “manos libres”. No utilizarlo como despertador. La mayoría de las personas tienen la costumbre de dormir con el teléfono móvil o celular cerca e incluso encendido bajo la almohada. Lo que no sabían es que esta costumbre causa diversos problemas. No se trata sólo de esa sospecha de que las ondas electromagnéticas pueden causar tumores cerebrales a largo plazo, sino efectos neurológicos más inmediatos que ya han sido probados, entre ellos dolores de cabeza constante y bajo rendimiento. Los más peligrosos son los teléfonos inteligentes pues su actividad no cesa en ningún momento y constantemente se encuentra emitiendo incluso en el estado de stand by. 
  • El problema se ha intensificado debido a que los teléfonos celulares inteligentes no entran en reposo, a menos que se apaguen. Permanecen activos recibiendo información constante como correos electrónicos, chats y mensajes de texto. Y en las noches, si está en la cama, todo esto ocurre a pocos centímetros del cerebro de quien duerme.
  • Sustituir las redes WiFi por cables (ethernet).
  • No exponerse a radiaciones ambientales de antenas y sistemas de comunicación, estar lo más alejado posible, y en cualquier caso contar con un sistema dosimétrico personal para comprobar la tas de radiación a la que está sometido.

Suecia fue el primer país que aceptó la electrosensibilidad como causa de baja laboral (incapacidad permanente), la cifra de afectados se eleva a 250.000; en Alemania, cientos de médicos han firmado la declaración en favor de medidas preventivas, y Gran Bretaña reconoció a finales de 2005 los casos de numerosas personas con síntomas potencialmente atribuibles a ciertas dosis de radiación electromagnética.

Desde 2006, la Organización Mundial de la Salud ha desarrollado campañas de precaución sobre el uso excesivo de los teléfonos celulares, pues estudios han sugerido que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia modulada emitidos por estos aparatos podrían alterar áreas específicas del cerebro, incluso si su uso apenas se limita a 50 minutos diarios.

 
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Publicado por en 22 junio, 2017 en Salud y bienestar

 

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¿Por qué hay que oponerse a cualquier tipo de copago de servicios sanitarios y de medicamentos?



Ángeles Maestro *

La nueva Ministra de Sanidad ha anunciado su decisión de ampliar el copago de los medicamentos para los pensionistas que cobren más de 18.000 euros anuales. Utiliza para justificarla argumentos que, no por haber sido esgrimidos por Consejeros y Ministros anteriores, resultan menos vergonzosos.

Se pervierte el sentimiento popular de justicia, “que pague más, quien más tiene”, que tiene su aplicación fundamental en la aplicación de los impuestos directos sobre la riqueza para intentar legitimar – con el mismo argumento – una nueva restricción económica en el acceso a los medicamentos, que, sin duda alguna, abrirá el camino a otras más.

Es una gigantesca trampa que intenta culpabilizar y enfrentar entre si a quienes menos tienen, ocultando el saqueo generalizado de las arcas públicas que se ha producido vía reducción de impuestos a las rentas más altas (el escarnio de las SICAV sigue vigente), amnistías fiscales, el rescate de la banca privada, la evasión de capitales y tantos etcéteras, por no hablar de la miseria de las pensiones o de los incrementos brutales de la explotación que supone la generalización de la precariedad.

Además, el establecimiento de barreras económicas para el acceso a un elemento central del sistema sanitario – al que se accede mediante prescripción facultativa y precisamente cuando se está enfermo, es un crimen cotidiano.

Tras el primer año de entrada en vigor del Real Decreto Ley 28/2012, del gobierno del PP, que cínicamente llevaba por título “de consolidación y garantía del sistema de la Seguridad Social”, un estudio realizado en Madrid arrojaba el estremecedor dato (obtenido mediante encuesta y por lo tanto muy inferior al real) de que cerca del 20% de los pensionistas no acudían a retirar de la farmacia los medicamentos prescritos. Resultados semejantes se han obtenido en estudios relativos a la introducción del copago en otros países, con la particularidad de que ese 20% de la población es el que concentra todos los riesgos desde el punto de vista de la salud; es el mismo a quien se desahucia por no pagar el alquiler, el que devuelve los alimentos en la caja del supermercado o a los que hipócritamente se califica de “pobres energéticos”.

El argumento de que la cantidad exigida – un máximo de 8 euros mensuales – es simbólica (¿para quién?) es un insulto para la mayoría de pensionistas (y activos), que con ingresos inferiores a los 600 euros, tiene que decidir entre comer, pagar la luz o retirar los medicamentos.

Pero hay que recordar, para la juventud, o para los desmemoriados, que los discursos destinados a justificar los copagos son añejos.

Quien abrió el debate acerca de la conveniencia de hacer pagar a las personas enfermas por los fármacos que les prescribe su médico fue el Informe Abril Martorell (1991), elaborado a instancias de un ejecutivo del PSOE que gobernaba con mayoría absoluta.

El primer “medicamentazo” fue obra también del PSOE en 1993. La Ministra Ángeles Amador, hoy flamante “consejera” de Red Eléctrica Española, fue quien llevó a cabo por primera vez la exclusión de determinados fármacos de la financiación por la sanidad pública. El segundo de ellos vendría de la mano del PP en 1998. Muchos de los medicamentos eran, y son, de uso frecuente en enfermedades crónicas. Se esgrimieron argumentos confusos y contradictorios. Si no eran eficaces, habría que haberles eliminado del Registro. Si se pretendía favorecer el buen uso de los medicamentos, es injustificable que los excluidos por su dudosa utilidad pasaran a ser objeto de publicidad en medios masivos, con lo que cualquier atisbo de racionalidad desaparecía por completo. Así, se da el caso de que un medicamento como el Frenadol, prohibido en varios países de la UE, es objeto aquí de propaganda masiva.

Los objetivos de ahorro son también falaces. Tras un breve periodo de reducción tras la adopción de las medidas, el gasto farmacéutico vuelve a dispararse. En el caso de la financiación selectiva de medicamentos, se eliminaron los medicamentos más baratos y menos rentables, que fueron sustituidos por otros más convenientes para la cuenta de resultados.

Los objetivos de ahorro son una falacia e incompatibles con el poder aplastante de la industria farmacéutica, a cuyo servicio han estado todos y cada uno de los ministerios y consejerías del Estado español.

Lo que importa saber es que son capaces de inventarse cualquier cosa para conseguir los objetivos de los intereses empresariales a los que sirven. A modo de ejemplo valga este hecho que viví en mi época de diputada, precisamente cuando el PSOE intentaba rodear de legitimidad social su primer “medicamentazo”. El argumento usado entonces para neutralizar la resistencia social fue la acusación de fraude masivo en las recetas de pensionistas que los jubilados usaban para obtener medicamentos gratis para toda la familia. Los medios de comunicación masivos se hicieron eco y expandieron el “relato”, sin más fundamentos. CC.OO y UGT lo apoyaron activamente llevando a cabo una “campaña de educación sanitaria” entre sus afiliados, con folletos y charlas destinados a colaborar en la eliminación de dicho fraude. Ante la persistencia de mis preguntas dirigidas a altos cargos del Ministerio en sede parlamentaria acerca de cuales eran los datos que avalaban tales acusaciones de fraude, la respuesta que obtuve fue que tras un estudio realizado sobre decenas miles de recetas en Madrid habían aparecido 25 dudosas.

El copago de medicamentos, que como tantas veces se ha repetido es repago, sirve a un doble objetivo esencial para la gestión empresarial y la privatización de la sanidad pública:

  • Si el 80% del gasto es consumido por el 20% de la población de más edad, enfermos crónicos y personas con escasos recursos, eliminarles del acceso a la sanidad, como muy bien saben las mutuas patronales y las aseguradoras privadas, garantiza el negocio.

  • Hacer pagar por los medicamentos prescritos va eliminando uno de los valores esenciales de la sanidad pública frente a la privada: la gratuidad en el momento de uso.

A estas alturas debería estar perfectamente claro que lo que queda de los servicios públicos está en el punto de mira. Y que todo ataque que preparan va precedido de un “relato”, de un montaje mejor dicho, que carece de cualquier fundamento que no sea favorecer los intereses que representan. Es una guerra de clases que tiene ganadores y perdedores, y el arma más letal es dar crédito a su propaganda, de forma que nuestra fuerza sea preventivamente destruida.

10 de enero de 2017

* Ángeles Maestro es médica, técnica superior de Salud Pública. Fue diputada del Congreso y portavoz de Sanidad por IU. Es miembro de Red Roja

 
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Publicado por en 13 enero, 2017 en Salud y bienestar

 

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Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple


06/08/14

Petición ante el Parlamento Europeo acusa a los Estados Miembros de Omisión por Comisión, al no reconocer la enfermedad.

El Parlamento Europeo entró en receso en agosto, pero días antes la Comisión de Peticiones recibió una presentación de la abogada argentina Dra Graciela Vizcay Gomez quien viajó a Italia para representar a la Socióloga italiana, Rita Ghiringhelli.

El objeto de la presentación es la “Falta de Regulación y Reconocimiento de las nuevas enfermedades ambientales: Sensibilidad Química Múltiple, Fibromialgia, Fatiga Crónica y otras patologías asociadas” que, ni la UE, ni la OMS, ni el Código CIE-10/11 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades) la reconocen.” dice la abogada.

Un estudio jurídico de Florencia realiza al mismo tiempo, la demanda judicial administrativa.

El documento hace hincapié de la “Inexistencia de un Código Gnoseológico que proteja al ciudadano de la UE, y del resto del mundo, por eso es que venimos a solicitar el tratamiento de forma expedita de dicha inexistencia de regulación, reconocimiento, tratamiento de la enfermedad como tal y no como una supuesta patología de “fantasía psicológica” discriminando a los que padecen estas enfermedades físicas, de igual forma otrora sucedió con los afectados por HIV, por dar solo un ejemplo.” expresa uno de los puntos del documento.

En uno de los párrafos más fuertes, la abogada Vizcay Gomez exige la “imperiosa necesidad de una legislación operativa”, para toda la UE, que parece tener una “sub-unión de dos Estados”, separados de los demás, que la integran solo Alemania y Austria, donde estas enfermedades han sido reconocidas como “enfermedad física”. “El código T78.4, se ha utilizado para el reconocimiento de la SQM, en Alemania y Austria. Sendos países son pioneros en materia de salud respecto al tema de marras, solo nos deja entrever que el Tratado de Lisboa, diseñado para mejorar el funcionamiento de la UE, es solo una manifestación de deseos. Asimismo la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, referente a la Dignidad, Igualdad y Solidaridad es una utopía, por cuanto su Título V sobre Ciudadanía además de ser un título “programático” es estéril, habida cuenta que en la UE hay ciudadanos de “primera y de segunda” algunos con acceso a la salud y otros que mueren en el intento.” sostiene la abogada.

“Dado que la OMS aún no ha incluido la SQM/FM/FC y otras enfermedades a escala global en la citada clasificación internacional y que esta organización no permite que los países puedan introducir nuevos códigos (…) pese a que el número de afectados aumenta de forma exponencial, cada vez en edades más tempranas, y que livianamente el Parlamento Europeo las incluye dentro de un “número creciente de enfermedades vinculadas a factores medioambientales” asevera, y agrega imputando al organismo la complicidad con las transnacionales manifestando que “Cuando se trata de OGM, el andamiaje del Parlamento parece funcionar de forma eficaz y expedita, como si los loobies y el poder económico de las multinacionales farmacéuticas y químicas sirvieran de engranaje para mover la rueda estanca de las distintas Comisiones. Que dicho sea de paso, aún ante la gravedad de los temas que nos ocupan, no pueden fatigarse más de una vez al mes, para decidir con total discrecionalidad “qué tema se tratará y cual no” agrega la profesional, reconocida por sus denuncias internacionales sobre agrotóxicos, dejando clara su posición sobre la hipocresía, connivencia y desidia, de la que acusa constantemente, a los organismos internacionales, incluido el Vaticano.

La socióloga Ghiringhelli acompañó a la abogada que entregó sus causas al Papa Francisco en la Audiencia del 16 de octubre pasado en el Vaticano (http://www.novanacional.com/nota.aspn=2013_10_26&id=35334&id_tiponota=11), que luego negó una audiencia grupal a la abogada y científicos italianos por lo que Vizcay Gomez apuntó directamente a Peter Turkson del Consejo de Paz del Vaticano, que pretendía recibirla a ella y a la comitiva, de ser “cómplice del genocidio” (http://www.novargentina.com/nota.aspn=2014_5_27&id=37587&id_tiponota=4) haciendo alusión al documento emanado el mes de mayo de 2009 en la Semana de Estudio sobre el tema: “Plantas Transgénicas para la Seguridad Alimentaria en el Contexto del Desarrollo”, auspiciado por la Pontificia Academia de las Ciencias, en su sede de la Casina Pio IV del Vaticano, al que describió como “una gran falacia, llena de errores garrafales”.

Otro párrafo del documento expresa que “Siendo quien suscribe, una ciudadana italiana que padece dichas patología que se agudizan en forma progresiva, tiene un curso crónico, que no se limita a un solo órgano o sistema, que discapacita, que excluye, que es compleja y necesita un tratamiento terapéutico multidisciplinario. Sin la debida atención médica, legal y un verdadero Estado “Garante”, que nos permita a todos los afectados, es imposible y solo una expresión de deseos, el disfrute de los derechos básicos en materia de salud, asistencia y demás derechos derivados reconocidos por la Declaración Universal de los DDHH y por las cartas magnas de todos los países democráticos.”

En el punto cinco de la petición, la abogada acusa al Parlamento Europeo de “inacción y omisión” y de “letra muerta” a la Revisión intermedia del Plan de Acción Europeo sobre Medio Ambiente y Salud 2004-2010 y a la Decisión Nº 1350/2007/CE por la que se establece el segundo Programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud, Libro Blanco titulado «Juntos por la salud: un planteamiento estratégico para la UE .

-“La Encefalomielitis Miálgica (ME), el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), y la Fatiga Crónica (CF) se distinguen con precisión, y los criterios de Fukuda son suficientes para hacer una distinción entre la EM / SFC y CF, pero los pacientes con EM / SFC deben subdividirse en ME (con PEM) y el síndrome de fatiga crónica (sin PEM).” asegura. Siguiendo el mismo planteamiento, la redacción continúa citando: “El apartado 1° del artículo 11-63 de la Constitución Europea proclama que“ toda persona tiene derecho a su integridad física y psíquica”, alegando una responsabilidad penal sobre una “imputación de resultados diferidos”, habida cuenta que el resultado de esa omisión ante la falta de legislación produce la muerte de millones de afectados por estas patologías ambientales, un resultado a largo plazo, diferido, no inmediato”. Acusando nuevamente a la UE de incumplimiento de los “deberes asistenciales” solidariamente con la OMS y todo organismo que debería garantizarlo. A lo que la abogada llama: “Un abandono unilateral del paciente, lo que se conoce como “posición de garante” en una posición de omisión. La voluntad aquí consiste en no dirigir un proceso causal tendiente a evitar el resultado típico de muerte cuando “tenía capacidad para hacerlo”.

“Que una persona se encuentre en una situación desamparada, en este caso de toda legislación y reconocimiento de la enfermedad, negándose el acceso a derechos del paciente, a asistencias social (pensiones), medicación (coberturas médicas) etc., significa que se encuentra en una situación de necesidad de ayuda ajena y al mismo tiempo de carencia de ella. Agravado en los casos que quien desampara es un funcionario público. Es decir, el bien jurídico personal objeto de tutela es la vida, la integridad personal, la integridad moral”, agrega:

Según datos que aporta, en los países industrializados se atribuyen a factores medioambientales entre el 25 y el 33% de las enfermedades, siendo la infancia el grupo más vulnerable y que en febrero de 2013 un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca del estado de los conocimientos científicos sobre las sustancias químicas que perturban la función endocrina, muchas sustancias químicas sintéticas cuyos efectos sobre el sistema hormonal todavía están por investigar, podrían tener importantes repercusiones en la salud. En este informe, dice la abogada, se pide cínicamente que se “siga investigando”.

La FDA desde USA, citada como otra cómplice, en abril de 2013, en el documento “The Voice of the Patient” llevó a cabo una reunión pública y donde los términos SFC, EM y SFC y ME se utilizan indistintamente. Describiendo el SFC y ME enfermedad grave o un conjunto de enfermedades para las que en la actualidad no hay tratamientos aprobados por la FDA. “El único fin de esa reunión era aprobar medicamentos para tratamiento de dichas enfermedades, beneficiando a las farmacéuticas” aclara Vizcay Gomez.

Los enfermos de Sensibilidad Química Múltiple, Encefalomielitis Miálgica/SFC, Fibromialgia y Electrohipersensibilidad llevan décadas pidiendo que estas enfermedades sean reconocidas por el sistema sanitario como tales, adecuada asistencia sanitaria a pesar de que como en los casos de la Esclerosis Múltiple, el Parkinson o el Alzheimer no tengan tratamiento.

– “Las enfermedades de Sensibilización Central actualmente no tienen cura. Son para siempre. Aún así el Estado los deja desprotegidos, sumidos en una indefensión total y con escasos recursos en un muy elevado porcentaje de casos”, agrega la abogada.

La Petición concluye con cinco puntos concretos:

– La enfermedades MCS, EM / SFC y FM comparten la mayor parte de las anomalías, las pruebas y los síntomas, se peticiona a esta Comisión el reconocimiento de la enfermedad en toda la UE

– Exige la inclusión de la SQM en el CIE-10/11, tal y como hicieron Alemania y Austria

– El reconocimiento como incapacidad y discapacidad a causa de la enfermedad en los casos concretos.

– Campañas de divulgación sobre la SQM y demás patologías citadas

– Legislar acorde al previo reconocimiento de la enfermedad, ya que los afectados se ven obligados a acudir a los tribunales para exigir que se les reconozca sus derechos, existiendo especialistas médicos capaces de diagnosticar con exactitud esta enfermedad. Y la necesaria redacción de un Código Gnoseológico que englobe tanto el perfil etiológico, la patogenia, y los síntomas de la enfermedad.

Como consideración final el documento concluye citando nuevamente a la Declaración Internacional Sobre los Peligros Sanitarios de la Contaminación Química (conocida como El llamamiento de París), argumentando que:

“…El hombre está expuesto hoy a una contaminación química difusa ocasionada por múltiples sustancias o productos químicos que producen efectos sobre la salud del hombre como consecuencia de una regulación insuficiente. Que esa contaminación química se ha convertido en una de las plagas humanas actuales y que la medicina contemporánea no consigue detener; que a pesar del progreso de las investigaciones médicas, la medicina corre el peligro de no poderlas erradicar”, y eso, sumado a la falta de un reconocimiento de la patología es sin duda “un delito claro de Comisión por Omisión, omitir evitar el resultado típico, equivale por su injusto a la Comisión Activa”, asegura la profesional.

 
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Publicado por en 7 agosto, 2014 en Sin categoría

 

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Carta a los pacientes y profesionales del Doctor Pablo Arnold LLamosa ante la reciente afirmación del Hospital Clínic sobre la posibilidad de “psicopatología grave” en los afectados de SFC/EM y SQM


ImagenCarta a los pacientes y profesionales del Doctor Pablo Arnold LLamosa ante la reciente afirmación del Hospital Clínic sobre la posibilidad de “psicopatología grave” en los afectados de SFC/EM y SQM

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Dr Pablo Arnold Llamosas Inmunólogo y Especialista en SSC

La reciente afirmación del Hospital Clínic sobre la posibilidad de una “psicopatología grave” con implicación en la causa de los síndromes de sensibilización central, me lleva a expresarme ante pacientes y compañeros.

A mi juicio, con una redacción ambigua, se deja caer el peso de lo válido en la fatiga crónica, restándoselo –sin decirlo- a la sensibilidad química, amputando la complejidad de una entidad –la sensibilización central- que ha dado sobradas muestras de ser la misma. Del mismo modo, considero que se tergiversa el trabajo original de otros autores dedicados a los trastornos somatomorfos, para cargar finalmente validez -mediante razonamientos estadísticos- a un conjunto de síntomas para los que existen muchas explicaciones ligadas a causas diferentes, presentándolos como entidades inmutables en sí mismas, para terminar avalando una “posibilidad” imposible de ser dicha en términos generales para casi la totalidad de los pacientes, lo cual es en sí perverso en tanto inobjetable –pero dañino- como excepción extrema, en un contexto donde la mayoría de las personas están siendo marginadas por tratárselas de tener enfermedades que no existen.

El trabajo es a mi juicio sesgado, parte de presupuestos incorrectos que ni siquiera se expresan claramente y en fin, además de una discusión teórica médica, debería ser objeto de un análisis epistemológico exhaustivo.

No puedo afirmar ninguna cosa sobre la intención de los autores. Por otro lado, sus conclusiones sólo pueden ocurrir en un marco público del que no son responsables, salvo en el pequeño acto de aceptación que implican.

No trato de iniciar una discusión sobre este trabajo que lo único que hace, es poner de manifiesto que existe una situación de desconocimiento, comodidad y agresión, que es de la que todos deberíamos estar hablando.

Por más de veinte años he visto como marginaban a las personas que sufren diciéndoles una y otra vez que están “locos”, lo cual no significa nada en sí mismo y sólo sirve para atenderlos rápida y sintomáticamente, priorizando lo económico en lugar de lo humano.

Simplemente no es posible implicar una “psicopatología grave” en la etiología de estos casos, porque a lo largo de décadas y miles de pacientes vistos por nosotros e innumerables psiquiatras, no existía tal cosa y en cambio, hemos ido descubriendo juntos que la sensibilidad química, la fatiga crónica y la fibromialgia, formaban parte de un mismo árbol del que eran ramas con diferente manifestación.

Yo mismo descubrí que existía la sensibilidad química, cuando tras años de observación y seguimiento constaté que mis pacientes con fatiga crónica, mejoraban con la evitación de xenobióticos y por supuesto, la posibilidad de una psicopatología grave estaba en todos ellos descartada.

Los pacientes desarrollan síntomas reactivos e intensos –independientemente de cual sea su estado psicológico previo- porque comprenden lentamente que son víctimas de una situación global de agresión biológica, química y simbólica de la que difícilmente podrán salir.

Sabemos que la agresión biológica, química y simbólica que media la actividad cortical puede generar cambios como el kindling y la pérdida inducida de tolerancia en las áreas rinencefálicas, así como cambios en poblaciones linfocitarias concretas y procesos como los de la segunda señal en el sistema inmune, que para todo concepto es como otro “cerebro” que funciona solidariamente con el neuronal.

Sabemos que la reunión de síntomas que tienen distintas causas posibles, hace que la personalidad del proceso patológico sea difícil de ver.

Los pacientes se sienten otra persona porque los sistemas que definen constantemente su identidad orgánica, están alterados; más uno o más otro, pero siempre ambos sistemas.

Los pacientes están marginados, porque “esa otra” persona, no tiene cabida en el mundo tal cual lo conocían hasta antes de enfermar. Ese mundo niega su existencia y las causas que la generan, favoreciendo por otro lado la mutación de los agentes biológicos, la polución química y el estrés, cuya combinación compleja y continuamente cambiante es el único proceso que puede explicar tal cambio y al día de hoy, no cuenta con los modelos teóricos de Complejidad adecuados.

¿Cómo juzgar en este contexto de total indefensión, la aparición de síntomas en un test, para dejar siquiera caer la posibilidad de que muchas lógicas consecuencias psicológicas reactivas, sean en modo alguno causa de esta situación patológica, atravesada por un marco social de duras características perversas?

Se imponen, creo, algunas consideraciones fundamentales y un llamado a los médicos de primera línea.

Sobre todo para ellos, afirmar desde mi total convencimiento que la Sensibilización Central es un proceso complejo, en el sentido de perteneciente al campo de la Complejidad.

No “complicado” sino multidimensional; plagado de simultaneidades provenientes de órganos y sistemas que se alteran por el cambio de la regulación central neuroinmune.

Los signos y síntomas se presentan en apariencia aleatoriamente y sólo cobran sentido y detentan una correcta relación de causa-efecto, mediante el saber profundo.

El saber profundo es mucho más que el conocimiento racional, al que incluye. Agrega la percepción del movimiento global del proceso patológico, que sólo es posible lograr a través de la empatía con el paciente y el acompañamiento.

Mi experiencia con miles de pacientes, me permite afirmar que son necesarias muchas horas de charla -repartidas entre las consultas presenciales y los llamados telefónicos- para que una persona recién llegada al tema haga ese cambio en su saber profundo y comprenda el tipo de situación a la que se enfrenta.

Esto es importante y deberíamos tenerlo en cuenta tanto los médicos como los pacientes.

El cambio en el saber, no significa comprender mejor racionalmente, sino interiorizar y seguir el movimiento de los cambios multidimensionales que implican estos síndromes.

Podría hacerse la analogía entre lo que sería comprender la explicación de cómo navegar y el tener el saber que habilita a una correcta navegación.

El mar o el río son sistemas complejos y la realidad del paciente “se navega” como un barco los navega a ellos; en el caso clínico a través del tiempo, el relato y los exámenes complementarios correctamente contextualizados.

La función de un terapeuta es ayudar a que el paciente salga del nudo existencial que plantea la enfermedad y encuentre su propio devenir en las también complejas relaciones con el mundo.

Vale aclararlo, porque si no existe un correcto y empático acompañamiento, no es posible cumplir con esa función cuando nos encontramos ante este tipo de cuestiones teóricas.

Existe una situación perversa que hace de los pacientes con sensibilización central verdaderas víctimas de una estructura de relaciones sociales donde es banalizado su sufrimiento y no es reconocida su nueva condición.

La proliferación de estudios científicos que intentan aportar datos sobre aspectos particulares o generales de la sensibilización central, tienen en el mejor de los casos algún beneficio técnico, que no llega jamás a corregir la situación global ética de la que estoy hablando.

Más aún, es en el marco de esta situación que son posibles estudios inobjetables desde el punto de vista del Método Científico, referidos por ejemplo a la causa o los aspectos psicológicos de estos síndromes, que desvían muchas veces la atención sobre la dinámica global perversa a la que hago referencia y validan inadvertidamente un seguimiento rápido y sintomático, que sirve en última instancia a razones económicas que prevalecen sobre las humanas.

Estos estudios, como por supuesto los cuestionables, discurren sin mayor objeción dentro de la comunidad científica y la sociedad entera, porque no se salen de ese otro esquema mayor, global, perverso.

Aceptamos durante años tropezar con consultas donde se nos dice que estas enfermedades no existen, o que estamos locos, o en los mejores casos se nos da un diagnóstico, pero se nos deja librados a nuestra suerte.

Luego, cuando en la impunidad de esta situación ocurren contradicciones en lo científico, protestamos, como si arreglando lo técnico se arreglase la situación general.

Tenemos miedo. Y no es en vano. Sabemos que seremos castigados y hasta los mismos a los que pretendemos ayudar, es muy posible que se pongan en nuestra contra. Porque el castigo social es grande y puede empujar ese estado de marginación a uno de exclusión total en cualquier momento.

Para que el sufrimiento quepa en la lógica económica, basta con ofrecer algo aunque no solucione el problema y esperar a que esa persona que deambula una y otra vez por las consultas, vuelva.

Los síndromes de sensibilización central existen y no son “psicológicos”; no más que cualquier otra enfermedad. Lo que algunos pretenden validar como “causa” de tipo psicológico, no es más que la tergiversación del significado de los lógicos síntomas que ante la agresión simbólica de su no-reconocimiento, desarrollan estos pacientes.

Más aún, como una matriz que lo penetra todo, los elementos de orden tangible –no ya esta disposición de lugares que vengo denominando como perversa- como los químicos –sobre todo xenobióticos- y distintos agentes biológicos, forman parte de un brutal golpe que la sociedad entera ha recibido en forma de polución química, biológica y de exigencias distresantes de nuevos modelos culturales que se han globalizado.

Que estos síndromes se mantengan bajo la denominación de “psicológicos” o “de causa desconocida” sirve en última instancia a nuestras consultas.

Las privadas, porque estando las cosas de este modo, podemos calificar la patología como “más allá de nuestro alcance” y crear así una “consulta crónica” –en el sentido de consulta continuada.

A las estatales, porque el Estado elude la responsabilidad de tener que lidiar con corporaciones, intentando mantener una imagen inobjetable ante la opinión pública, con atenciones rápidas y basadas en la evidencia.

Escasas personas buscan nuevos modelos que den cuenta de la Complejidad, única manera de someter al Método Científico esta problemática.

Mientras tanto, la patología no se resuelve y la humanidad del paciente es triturada y arrojada fuera del sistema.

Hago un llamado a los médicos de Atención Primaria. La atención de estos pacientes es posible en las estructuras que tan bien conozco y hasta con los tiempos irracionales que nos imponen desde las instituciones, a través del Equipo que forman médico, enfermero, psicólogo y asistente social.

Los síndromes de sensibilización central no son de causa desconocida. Son generados por agresiones conocidas en el sistema nervioso y el sistema inmunológico.

Existe abundante literatura científica que lo demuestra, tanto o más que la que existe para otras patologías que nadie cuestiona. Cuentan con mi colaboración en todo lo que posibilite mi experiencia.

Son ustedes quienes ven primero a los pacientes y quienes no dependen de su visita particular para seguir subsistiendo.

Sé que están sobrecargados y que apenas pueden llevar las patologías clásicas, pero adentrarse en los síndromes de sensibilidad central alivianará su trabajo en vez de aumentarlo.

La razón es importantísima: estos síndromes tocan la gran mayoría de las patologías que tratamos.

La tríada de fatiga crónica, fibromialgia y sensibilidad química, nos ha permitido comprender cuestiones que exceden con mucho sus campos, extendiendo nuestras posibilidades a la casi totalidad de la patología que tratamos.

Un quiebre energético con características especiales, la concurrencia de la tergiversación de los estímulos normales y la disarmonía en el funcionamiento neuronal e inmune, fue haciéndose claro en las otras patologías –por cierto frecuentes acompañantes- y a todos los dedicados al tema, nos introdujo en muchas otras enfermedades hormonales, inmunológicas, endócrino-metabólicas, digestivas, respiratorias y del sistema nervioso, que cobraron finalmente un sentido característicamente unificado, que tiene correlato con el cambio regulatorio central neuroinmune.

Estos síndromes nos están avisando de una situación que debe cambiarse. Comprenderlos y tratarlos correctamente, nos ayudará a tratar todo el resto de las enfermedades, mejorando la calidad de vida de los enfermos y produciendo un verdadero ahorro económico que además de reducir costos, lleve a un mejoramiento ético.

Las unidades y consultas especializadas deberían estar transmitiendo las cosas aprendidas al área de Atención Primaria.

Sólo ustedes están en condiciones de escapar a estas razones que operan más allá de lo explícito y son las que realmente sustentan el modelo actual de atención.

Los pacientes confían en nosotros y está en nuestras manos cambiar las cosas.

Dr. Pablo Arnold Llamosas

parnoldllamosas@gmail.com

Marzo del 2014

Fuente: https://www.facebook.com/notes/altea-sqm/carta-a-los-pacientes-y-profesionales-del-doctor-pablo-arnold-llamosa-ante-la-re/214765318731366

 
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Publicado por en 13 marzo, 2014 en Salud y bienestar

 

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Organizaciones ecologistas, de consumidores y sindicales exigen reducir la exposición a tóxicos

Organizaciones ecologistas, de consumidores y sindicales exigen reducir la exposición a tóxicos

Por vía respiratoria, digestiva y a través de la piel, la población está expuesta de manera constante a sustancias químicas que alteran el sistema hormonal

España | TerceraInformación | 02-03-2014 |

Ecologistas en Acción han difundido que “Por vía respiratoria, digestiva y a través de la piel, la población está expuesta de manera constante a sustancias químicas que alteran el sistema hormonal. Los llamados alteradores hormonales o disruptores endocrinos (EDC) están presentes en alimentos, envases, textiles, cosméticos o artículos infantiles. Por ello, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Fodesam, Greenpeace, SEO-BirdLife, Fundación Vivosano, WWF, los sindicatos CCOO y UGT y la asociación de consumidores CECU exigen medidas y políticas urgentes para reducir la exposición de la población y el medio ambiente a esos tóxicos. Su petición se suma a la de 3.800 investigadores y profesionales de la salud pública española.

En una carta remitida a la ministra de Sanidad, Ana Mato, y al titular de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, los firmantes expresan su honda preocupación por los efectos sobre la salud humana y ambiental causados por los EDC. Están relacionados con problemas de salud reproductiva (infertilidad, malformaciones congénitas), tumores y otras enfermedades en órganos hormono-dependientes (mama, próstata, testículo, tiroides), enfermedades metabólicas (diabetes, obesidad), enfermedades inmunológicas y alteraciones en el desarrollo del sistema neurológico, entre otras.

La preocupación es compartida por la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), que reúne 12 sociedades científicas y 3.800 profesionales y científicos del campo de la Salud Pública. En un escrito reciente, destacaban que “numerosos estudios han mostrado la presencia de decenas de EDC en la población española, incluyendo mujeres embarazadas y niños. En España los niveles corporales o concentraciones en el organismo de las personas de ciertos EDC (la llamada ‘contaminación interna’) son muy superiores a los de otros países”

Por ello es urgente implantar políticas para reducir el riesgo que los alteradores hormonales causan en la salud, incluyendo:

  • Formación de profesionales sanitarios y del ámbito educativo, en particular de aquellos en contacto con mujeres embarazadas y niños.
  • Información ciudadana sobre medidas para reducir la exposición a EDC.
  • Eliminación del uso de EDC en contratas y compras públicas (Ej. mantenimiento de edificios y carreteras, jardinería, guarderías, colegios, etc.).
  • Prohibición de la exposición laboral a EDC de trabajadoras embarazadas y lactantes.
  • Campaña de prevención de la exposición laboral a EDC.
  • Prohibición de EDC en materiales y productos en contacto con alimentos y en artículos y productos de uso infantil.
  • Apoyar la investigación sobre exposición a EDC en España y cómo prevenirla.”
 
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Publicado por en 5 marzo, 2014 en Salud y bienestar

 

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